Portadores de alegría ante el misterio de la muerte

Portadores de alegría ante el misterio de la muerte

Autor: Jimena Ciuró | Fuente: Iglesia Millenial


Álvaro, Sandro y Rafael son tres jóvenes novicios de Schoenstatt que, comenzada la cuarentena en marzo, llegaron a Mar del Plata para hacer su “práctica” en el Hospital Interzonal de Agudos Oscar Allende. En plena pandemia, y con la expectativa de dejarse sorprender por Dios a través de los enfermos, abrieron su corazón sin miedo y en libertad, aun en medio de la incertidumbre y las dificultades. Hoy vuelven al noviciado en Paraguay con la certeza de la “misión cumplida” pero cargados de nombres y con una experiencia que marcó profundamente sus vidas y su corazón sacerdotal para siempre.

Álvaro del Santo tiene 25 años y es de España; Sandro Koch, de 26, es de Suiza, y Rafael Silva, de 22, es de Chile. Los tres se encuentran en el segundo año del noviciado de los padres de Schoenstatt y la casa de formación se encuentra en Asunción, Paraguay. “El primer año es cerrado y se hace mucho hincapié en la oración, en formar comunidad y discernir la vida. Luego llega esta práctica de casi seis meses en la que salimos al mundo, nos distribuimos de a tres en ciudades de Argentina:  San Luis, Mendoza y aquí. Trabajamos en un hospital, nos encontramos con los enfermos, con el mundo laboral y con la familia de Schoenstatt”, explicó Álvaro.


Durante los cinco meses en el Hospital Interzonal, los jóvenes trabajaron a la par de los enfermeros, aprendieron a hacer extracciones de sangre, controles, a higienizar a los pacientes y, por supuesto, a acompañarlos en la escucha y la presencia religiosa. Algo especialmente lindo que viví todos los días es la alegría de los pacientes cuando uno estaba. Estuvimos como enfermeros, pero es totalmente distinto porque no teníamos las obligaciones de ellos; hacíamos su trabajo, los ayudábamos pero lo vivíamos de otra manera. Si me quedaba un rato con un paciente no había problema, nosotros podíamos estar más, charlar y ahí se construía una relación. El hospital es un lugar bien denso y fuerte, y ser portador de esta alegría en vidas concretas incluso hasta la muerte fue muy impactante”, manifestó Sandro.

Algo especialmente lindo que viví todos los días es la alegría de los pacientes

“Lo que más me impactó fue el misterio de la muerte, la enfermedad, el dolor que sencillamente no se entiende y tocaba acompañar muy de cerca. La gente por el misterio de la vocación nomás sentía una cercanía a compartirnos cosas muy íntimas por el puro cariño, sin ninguna respuesta y a nosotros nos tocaba acompañarlos”, expresó Rafael, el más joven de los tres novicios.



Por su parte Álvaro, que es enfermero, señaló que conocía el ámbito del hospital, aunque notó la precariedad o la falta de infraestructura e insumos; y aun así, destacó: “Lo que más me sorprendió es que fuimos en ámbito de novicios,  fue bien impactante poder ver a Jesús en el otro y en lo que el otro te compartió o lo que generabas por ser seminarista. También me llevo muchas historias donde fui testigo de la fe de la gente y del actuar de Dios en la vida de ellos. Como decía Sandro, respecto a la alegría aun en la adversidad, recuerdo un día que lleve la guitarra porque era el cumpleaños de una paciente y fue increíble cómo todos los enfermeros se unieron y acompañaron en el canto y la paciente dijo ‘es el mejor cumpleaños de mi vida’. Fue muy lindo ver a todos los trabajadores de la salud que se involucraron en eso, porque son ellos los que llevan alegría día a día a los pacientes que están allí.”

Lo que se llevan para su experiencia sacerdotal

Álvaro: Primeramente algo que nos sirve a todos es el ‘vivir la incertidumbre’ en esta época que nos ha tocado especialmente, es todo un aprendizaje. No sabemos dónde nos va a llevar Dios, cómo nos va a tocar trabajar. Aprender a dejarse llevar por Dios con las personas que te pone delante… A nosotros nos puso primero a las personas del hospital, a los enfermos, tenemos que aceptar eso y agarrarlo con alegría y dar el 100% por donde Dios te lleve aun con la incertidumbre que surja.

Aprender a dejarse llevar por Dios y dar el 100% por donde Él te lleve

Rafael: Como experiencia sacerdotal más fuerte, me llevo el descubrir todos los días que llegaba en la mañana al hospital y volvía a elegir hacerme vulnerable. Volvía a elegir empatizar con la persona que estaba sufriendo, alegrarme con la persona que estaba alegre, hacer vulnerable el corazón ante la persona que me tocaba querer cada día, y que eso no es fácil, porque podía ser cansador y doloroso. También llegaba al hospital y elegía encariñarme con un paciente, que o se iba a su casa y no lo veía más en el mejor de los casos, o se iba al cielo y hasta allá tampoco lo veía más. En el hospital uno se enfrentaba a las despedidas bastante seguido y cuando uno elije querer a la otra persona es doloroso, da pena; era muy tentador alejarme un poco tomar espacio y que no me importara tanto. Pero no es el camino que yo quiero elegir, porque involucrándome podía participar de las alegrías de los pacientes, de sus esperanzas y ese es el camino que me hace feliz, y tengo que elegirlo todos los días.

Sandro: Me quedo con el acompañamiento en el hospital de los pacientes, de las enfermeras y los médicos y el compartir la realidad que viven en el lugar donde están. El contexto cultural, las diferencias de infraestructura de mi experiencia del hospital me impactaron mucho… Pero me llevo el estar presente en esa realidad concreta con estas vidas y rostros, y acompañar con todo lo que llevaban consigo. Hay un decreto muy lindo del Concilio Vaticano II que dice: ‘Las alegrías y tristezas, las esperanzas y los desafíos del hombre de hoy son las alegrías, tristezas, esperanzas y desafíos de la Iglesia’. Eso me llevo de este tiempo: vivir y acompañar estas realidades tan intensas con todo lo que significa.

“Ya nos estamos yendo de Mar del Plata, pero queremos agradecer toda la acogida que hemos  recibido, las amistades que hemos hecho aquí y decirles que vamos a estar rezando por todos, nos llevamos muchas cosas en el corazón de este lugar. Estamos unidos en el santuario, en la Alianza y ojalá que algún día nos podamos encontrar nuevamente por acá”, manifestó Álvaro. “Muchísimas gracias por todo lo que nos han regalado, los encuentros, la oración, el apoyo, el cariño y su cercanía, muchas gracias por eso y seguramente encontraremos Nuevas Playas en muchos otros lugares del mundo”, dijo Sandro. “Tanta oración y tanto cariño, nos vamos muy felices de poder compartir estos meses acá con esta familia de Mar del Plata, de verdad muchas gracias”, concluyó Rafael.

“Involucrándome podía participar de las alegrías de los pacientes, de sus esperanzas y ese es el camino que me hace feliz”

El último mes en Mar del Plata, en una fase del aislamiento que lo permitió, los jóvenes novicios pudieron acercarse al santuario, compartir allí la misa cerrada con sacerdotes y los domingos estar con algunos miembros de la familia de Schoenstatt Mar del Plata. Asimismo, el encuentro virtual y la cercanía espiritual permitió que el “capitalario” con los nombres y las oraciones por los pacientes se fuera llenando de intenciones y rostros de familias, niños y jóvenes que calaron en el corazón en este tiempo de “trabajo” en Mar del Plata. Cada uno de ellos fue ofrecido por Álvaro, Sandro y Rafael el pasado 18 de agosto en el santuario de las Nuevas Playas y llevado a los pies de la Mater para que Ella convierta esos ofrecimientos en gracias abundantes derramadas desde ese pequeño santuario para todos.

Los “novicios del Covid-19” vuelven a Paraguay a seguir caminando en la formación sacerdotal. Seguramente fue un tiempo breve de trabajo, incertidumbres y preguntas, pero también de encuentros significativos y certezas plenas que quedará para siempre grabado en sus corazones y se mantendrá encendido en las oraciones y en la Eucaristía ofrecida cada día.