La Fiesta de Sion del Padre: una tradición para iniciar el año

La Fiesta de Sion del Padre: una tradición para iniciar el año

Autor: Claudia Echenique
Fuente: schoenstatt.org


Faltaban 20 minutos para las 11 de la mañana, hora en que estaba previsto el inicio de la misa, y solo había unas 30 personas. Fin de semana con feriado de carnaval, algunos aún en vacaciones estivales… ¿Vendrían? En pocos minutos llegan dos ómnibus y todas las sillas se van ocupando. Es que la Fiesta de Sion también podría llamarse la “fiesta de la fidelidad”, pues año a año, el último domingo de febrero, son muchos los que acompañan fielmente a los padres de Schoenstatt de la Región del Padre, en Florencio Varela, para el aniversario de su santuario. En las semanas y días previos, los mensajes de whatsapp dicen “¿Vas a Sion?”, “¿Nos vemos en Sion, si?”, ¿Quién necesita lugar en el auto/omnibus para ir a Sion?”. Es ya casi una tradición arrancar el año schoenstattiano en Sion. —



Como cada año, este 26° aniversario encontró a la comunidad regional reunida en la jornada anual. Esta vez llegaron casi todos los padres de la delegación Paraguay, el P. Facundo Bernabei que viajó desde Roma y desde Alemania, el P. Juan Pablo Catoggio, superior general, los visitó y presidió la misa. El día estuvo soleado, sin excesivo calor, y la arboleda en torno al santuario ya forma una capilla natural.


Un susto que unió a todos en oración y súplica

En la asamblea se encontraban numerosas Hermanas de María venidas desde Nuevo Schoenstatt (a 12 cuadras de Sion). Durante la procesión de entrada, ocurrió algo inesperado. La Hna. M. Alejandra se descompensó y hubo que llamar a una ambulancia que la trasladó al hospital. El inicio de la misa fue postergado y durante unos 15 minutos, en una tensa calma, todos rezaron por la recuperación de la Hermana, mientras era asistida por los médicos presentes. Mientras escribo esta crónica, he recibido un mensaje que me avisa que la Hna. Alejandra ya ha sido dada de alta en el Sanatorio Mater Dei.

Cuando todo pasó, el P. Tommy Nin Mitchel, superior regional, dio la bienvenida a las comunidades presentes: Mar del Plata, Escobar, Villa Ballester, Buenos Aires, Adrogué, Pilar, San Isidro, y a dos matrimonios de Paraguay.

Luego, en el saludo inicial de la misa, el P. Juan Pablo destacó la presencia de Mons. Claudio Giménez, obispo emérito de Caacupé, “y ahora recuperado para Tupãrenda pues ha vuelto a vivir en la comunidad”. Los dos neo sacerdotes argentinos ordenados en 2019, los padres Pancho Bosch y Cristián Rodríguez Robles Terán también fueron presentados a la asamblea. Una curiosidad es que eran 26 padres concelebrando, uno por cada año que cumplió el santuario de Sion.


Los Felices del Evangelio no son los Felices del mundo de hoy

En su homilía, el P. Juan Pablo se refirió al evangelio (Mateo 5,38-48) que, en el lenguaje del mundo actual, “podríamos traducirlo así: ‘Ustedes oyen que se dice Felices los ricos, pero yo les digo Felices los pobres; Oyen que se dice Felices los que la pasan súper bien, pero yo les digo Felices los que tienen un corazón puro, y no se dejan llevar simplemente por sus ganas. Felices los poderosos dicen en el mundo hoy, pero yo les digo Felices los mansos de corazón’. Los Felices del Evangelio, los verdaderamente felices, no son los Felices del mundo de hoy”.

Continuó explicando que “Jesús nos habla de un amor más grande, que va más allá de la ley. No se contenta con lo mínimo, sino que busca dar lo máximo. Es un amor que va más allá de obligación, que es libre. Va más allá de lo necesario, porque no se pregunta qué tengo que hacer sino qué más puedo hacer. Entonces ya no se trata de “qué tengo que hacer” sino de “qué puedo y quiero hacer cada día”.

Un amor más allá de las grietas y los aplausos

Es un amor más allá de todas las diferencias, de todas las grietas, de todas las ideologías que puedan diferenciarnos, de todos los miedos que podamos tener. Es un amor que va más allá de los reconocimientos, de los aplausos o de la recompensa, pues no los espera.

También destacó que “en Schoenstatt conocemos este lenguaje cuando hablamos de un amor magnánimo. El P. José Kentenich ya nos habla en la primera acta de fundación. Es el amor que queremos vivir cuando vivimos la Alianza de amor. Magnanimidad, los más altos ideales, lo más excelso, esa debe ser la meta de nuestras aspiraciones. Esta es la santidad que necesita nuestra patria y nuestra sociedad hoy. La Mater espera de nosotros la santidad en el santuario, la santidad de todos los días”.


Homilía del P. Juan Pablo Catoggio (mp3)

Unidos al Año Mariano Nacional en Argentina

Este año, Argentina celebra el Año Mariano y “nos alegramos, aunque los schoenstattianos siempre vivimos en ‘año mariano’. Cada día es mariano y cada instante le pertenece a la Mater. Entonces este año, lo vivimos doblemente y tenemos que ver de qué manera vivimos nuestra Alianza de amor con más intensidad, ‘más allá’ de nuestra entrega, de nuestro servicio, de nuestra generosidad, de nuestro capital de gracias”, dijo el P. Catoggio.

Finalizó pidiendo que “María, Nuestra Señora de las Bienaventuranzas nos enseñe a vivir este amor más grande, generoso, radical, magnánimo y que ella sea, como dice el lema del Congreso Mariano, madre del pueblo y esperanza nuestra”.


Diálogos y encuentros de familia

Antes de la bendición final, todos rezaron la oración del Año Mariano y el P. Juan Pablo mencionó la novedad de que el sábado 22 el Papa Francisco aprobó el decreto de virtudes heroicas por el que  el ingeniero chileno Mario Hiriart ya es “venerable”.

Al finalizar la misa, todos los padres permanecieron entre la arboleda para saludar y conversar con todos los presentes que se acercaban. Es la oportunidad de dialogar, sobre todo, con aquellos que viven en las casas de Córdoba, Tucumán, Paraguay y Roma, a los que durante el año no se los ve con tanta frecuencia en la Región Gran Buenos Aires.

El almuerzo fue en torno al salón José Engling donde continuaron los diálogos y reencuentros. La comunidad de La Plata fue la encargada de asistir a los padres en la organización de la fiesta. Fue muy lindo ver a los matrimonios preparando los sándwiches, asando las hamburguesas y chorizos en la parrilla, mientras que varios de sus hijos integraban el coro que animó la liturgia de la misa y la adoración de la tarde.