La caridad, punto de inflexión

La caridad, punto de inflexión

Autor: Hugo Barbero, Federación de Familias, Mar del Plata

“De este mundo lo único que nos llevamos es lo que damos”. La frase, de la Madre Teresa, es a la vez un llamado a la reflexión y a la acción.

¿Qué tengo para dar? Esta es la primera pregunta, la que nos lleva a reparar en los dones que hemos recibido. Los hemos recibido en nuestra familia, en la educación, en nuestras habilidades laborales, a través de buenos ejemplos, de talentos naturales…El tiempo de desierto fue, es, un tiempo de introspección.

Luego vienen otras preguntas ¿a quién darle lo que me fue dado?, ¿cómo hacerlo?, ¿cuándo?, ¿dónde? Estas son las preguntas que preceden a la acción.

El natural de Samaría, extranjero, distanciado de Judea y Galilea, no dudó. Salto por sobre todas las barreras y los prejuicios, para él no existió ninguna grieta. Comprendió (entendió desde el amor) lo esencial: prójimo es todo aquel que necesita de mí, entonces entregó ¿lo que le sobraba?

No. En realidad se vació de sí mismo y haciéndolo, se enalteció. Salvó un vida y elevó otra, la suya.

“Ninguno puede cambiar la historia, pero todos podemos cambiar historias”. Escuché esta frase, inspiradora y desafiante a la vez, en el curso de una homilía, hace unos cuarenta años. No sé qué efectos ha tenido en las historias de quienes se cruzaron en mi camino, pero sé que mejoró  al menos una vida…la mía.

El mar de las necesidades es muy grande y las luces de nuestros faros muy pequeñas, pero el mundo estaría más oscuro si nadie hiciese presente el CARITAS, ese amor de oblación que privilegia al OTRO. Porque de eso se trata el cristianismo, del amor como ESTILO DE VIDA.

La cuaresma en un tiempo de oración (de desierto), de renuncia (ayuno) y de entrega (caridad).

“DE ESTE MUNDO LO UNICO QUE NOS LLEVAMOS ES LO QUE DAMOS.”

¿Qué me llevaré?

“Pregúntense si no es verdad que las personas capaces de despertar nuestro heroísmo son las que esperan el máximo de nosotros. O si son más felices cuando les prometen seguridad, placer y cosas por el estilo. Apenas se despierta lo más noble que hay en nosotros, la búsqueda de placer, el egocentrismo y la búsqueda de nosotros mismos nos dejan insatisfechos. Entonces se despierta una increíble urgencia de entregarnos por entero a una gran causa. Quisiera pedirles que examinen sus experiencias de la vida diaria y que se pregunten si existe en ustedes esa tendencia al sacrificio, a la renuncia y a darse a los demás. Es muy importante aprender a conocernos a nosotros mismos y a dirigir nuestra propia vida”. P. Kentenich, Santidad ahora, p. 151