El Movimiento en Argentina

Santuario del PadreEsta historia se divide en siete períodos, a cada uno de los cuales les hemos colocado un título, que tiene que ver con dimensiones que el Padre Kentenich visualizó en el Santuario de Nuevo Schoenstatt.

1. Tiempo de precursores (1935 a 1947)

Comienza en 1935, cuando llegan las primeras Hermanas de María, y finaliza en 1947, cuando el Padre visita por primera vez la Argentina.

Las Hermanas, orientadas por el Padre Kentenich, llegan a la Argentina en noviembre de 1935. Trabajan en Villa Ballester y viven el el “Marienheim”, sede de la colectividad alemana. La labor de las Hermanas se desarrolla principalmente entre los alemanes. Así se forman los primeros grupos de la juventud femenina y de las madres. En Ballester surgen no sólo los primeros grupos juveniles sino también los pioneros de la Obra de Familias.

En marzo de 1937 tres Hermanas llegan a Nueva Helvecia, Uruguay, y comienzan a trabajar en la escuela. Entre los hechos más destacados de aquellos años entresacamos uno que tendrá una importancia capital en el desarrollo posterior del Movimiento en el mundo entero: la construcción del primer Santuario Filial, bendecido el 18 de octubre de 1943, estando el Padre Kentenich en el campo de concentración de Dachau. Lo que impulsó su construcción no fue la necesidad afectiva, la nostalgia por el terruño, sino la necesidad apostólica: era prácticamente imposible vincular a quienes se allegaban a Schoenstatt a un lugar tan distante como Alemania.

Tiempos de precursores son tiempos de mucha incertidumbre y austeridad: hay que conocer el terreno, aprender el habla, captar la mentalidad y el estilo de vida de un pueblo joven. Es un período de sacrificio y de apostolado, de pobreza y soledad, de lejanía de la patria y la familia.

2. Buscando aliados (1947 a 1952)

Este segundo período abarca el espacio temporal desde 1947 hasta 1952. 451 días estuvo el Fundador en la Argentina y Uruguay, en el transcurso de varias visitas. Lleva en su corazón cinco grandes inquietudes:

- Buscar aliados que le ayuden a “tirar el carro de triunfo de María”

- Consolidar su Obra de Schoenstatt

- Llevar el mensaje de Schoenstatt a la Iglesia y al mundo

- Ampliar la Familia de Schoenstatt

- Despertar el anhelo de una sociedad nueva

El hito principal es la bendición del Santuario de Nuevo Schoenstatt, bendecido por el Padre Kentenich el 20 de enero de 1952, camino al destierro en Milwaukee. El 3 de mayo de 1952 parte de Argentina. Será la última vez que lo veremos físicamente en nuestra tierra.

En este período se sientan las bases para la identidad del Movimiento en Argentina. La presencia del Fundador marca rumbos y tareas. Su profecía determina nuestra misión futura.

3. Claroscuro: crisis y desafíos (1952 a 1965)

Comenzamos este período con el destierro del Fundador y lo cerramos con su liberación.

La vivencia de las Hermanas de María se centra en el seguimiento del Padre Kentenich en su destierro y en la lucha espiritual por su liberación. Se trata de seguirlo, fiel a la promesa y el juramento hecho y que mantenían vivo en su corazón. Es tiempo de holocausto espiritual, es decir, de entrega heroica por la causa y la persona del Fundador.

Entretanto surge la “corriente del interior”, que comienza en Córdoba en íntima conexión con Chile, caracterizada por una fuerte conciencia de misión, una conciencia latinoamericana, entusiasmo y vitalidad.

En este tiempo surgieron muchas realizaciones. Pero también hubo crisis, de confianza, de identidad y de modalidad, que lastimaron la unidad de la Familia argentina. Protagonistas fueron las comunidades del interior y aquellas comunidades orientadas por las Hermanas de María. La Providencia obró lentamente y las crisis fueron solucionándose, a través de acciones que sorprendieron positivamente y que trajeron los condicionamientos para la unidad que hoy gozamos. Buscábamos lo mismo pero con expresiones divergentes. Esto nos enseña la necesidad del complemento y el respeto a las irrupciones vitales. Finalmente, allí donde está la prueba está también la misión: ser Familia.

En primer lugar, esta lucha tiene un carácter simbólico: es la vivencia en nuestras filas de los problemas que también ocupaban y preocupaban a la Familia mundial. Los problemas y soluciones vinieron con la ida y el regreso del Fundador. Todo se torna más claro y lúcido con su vuelta.

4. Comunión en la misión (1965 a 1977)

En esta etapa empiezan a vislumbrarse los frutos maduros de la entrega. Es el período que compendia desde la liberación del Padre Kentenich y se completa con los preparativos a las bodas de plata del Santuario Nacional de Nuevo Schoenstatt.

Con la liberación del Fundador comenzó un nuevo período para el Movimiento, el de la estructuración del Movimiento.

Si bien el retorno del Fundador a Alemania fue el elemento aglutinante para la unidad, su fallecimiento – el 15 de septiembre de 1968- provocó un vuelco definitivo a favor de la misma y selló con algo indeleble esta unidad.

Lo más original de este período es la realidad de un Padre que fusiona todas las individualidades en una búsqueda común. Las particularidades –que las hay y las seguirá habiendo, porque la membralidad solidaria es riqueza y no pobreza- son tareas y misiones que deberían solidificarse en la gran meta que el Padre y la Mater nos han regalado en  nuestra historia.

Además, en este período es creciente el anhelo y la concreción de ser Familia. Van delineándose elementos de la futura Misión Nacional. Una red rica en vinculaciones, contactos, lazos comunitarios y personales sostiene la Familia Nacional. Unidad en la diversidad. Una tarea que seguirá su curso y se sellará en el Jubileo de Nuevo Schoenstatt.

5. Descubriendo la propia identidad (1977 a 1985)

El período que sigue es de búsqueda y de victoria de la Reina. Se supera la adolescencia y comienza a diseñarse el proyecto de vida para el cual fuimos creados. Nos presentamos “en sociedad” y descubrimos nuestro nombre propio. El preámbulo lo regaló el Jubileo de Plata de Nuevo Schoenstatt. Allí le prometimos a la Madre y al Padre que definiríamos mejor nuestro rostro. Y así lo hicimos. La tarea estaba clara: llenar de contenido el nombre y empezar a vivirlo.

Por primera vez nos encontramos representantes de todo el país para agradecer y soñar juntos. En esta oportunidad se designó solemnemente el Santuario de Nuevo Schoenstatt como Santuario Nacional.

Pero la celebración de las Bodas de Plata del Santuario no habría sido plena si no se hubiese cumplido una promesa hecha en ese Jubileo: la búsqueda y definición de nuestra propia identidad: la Misión Nacional. Fruto de un trabajo conjunto de gracia y colaboración humana se llegó a la “frase síntesis” o formulación de la misión y sus “rasgos fundamentales”: CON MARÍA, FAMILIA DEL PADRE.

A partir de entonces, orientamos las corrientes de vida y los signos de los tiempos a esta definición. Era el cauce común de un gran río que se iría alimentando con las aguas de cada comunidad y de cada Santuario.

El aniversario natalicio del Padre Kentenich fue un evento de gran envergadura en todo el mundo, también en nuestro país. Se trataba de prepararse a recordar, comprometerse y asumir nuevamente el carisma del Padre Fundador. Al lema internacional de ese año –“Tu Alianza – nuestra vida”- se le agregaba el convencimiento de que el Fundador era un “Hombre de Dios, Padre y Profeta”. De allí la decisión: “¡Vamos contigo!”.

6. La Alianza se extiende (1985 a 1992)

Entramos ahora en un período de siembra a mano alzada. En este caso, sentimos que María quería ampliar su radio de acción.

Era importante concebir la Alianza como una oferta para muchos. Esto exigía que quienes ya la habían sellado se convirtiesen en apóstoles de la Alianza. Ella es el camino de vida y nuestro método pedagógico. Mejor aún, la gran oferta al mundo. A esta luz se perfilaban las inquietudes relevantes de este período, a través de la corriente del Santuario Hogar, la popularización de la Alianza de Amor fundamentalmente gracias a la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina de Schoenstatt, la irradiación de los Santuarios filiales y las ermitas, y finalmente un anhelo largamente esperado: la coronación de la imagen de la MTA en la Basílica de Luján como “Reina de la Patria Familia”.

7. Santuario abierto en el corazón de la Iglesia (1992 a 2000)

Latinoamérica celebraba el V Centenario de la Evangelización. Ese mismo año la Familia de Schoenstatt conmemoraba los 50 años del segundo hito de la historia de Schoenstatt. A partir de entonces se despierta una rica corriente de vida, que llevó como título: “Santuario abierto”. A su vez, una nueva pastoral cobraba vida: la “Pastoral de Santuarios”. Mientras vivíamos estas realidades se acercaban los 50 años del 31 de mayo, y con él, los festejos de Luján y su posterior desarrollo.

Siete momentos clave de esta etapa:

- Jubileo 1992: encuentro Latinoamericano de la Familia de Schoenstatt, del 17 al 20 de enero, en Nuevo Schoenstatt, Florencio Varela, con la participación de diversos países hermanos. El fruto más hermoso de este encuentro fue descubrirse como Familia Latinoamericana, capaz no sólo de rezar y festejar, sino también de reflexionar, planificar y proyectarse.

- El Santuario abierto: con el Jubileo de 1992 fue surgiendo cada vez con más fuerza la inquietud por abrir nuestros Santuarios. Dos ejemplos de esto son la “Peregrinación de los pueblos” – de Hasenkamp a Paraná, que convoca a más de 30.000 personas que caminan a lo largo de 24 horas. La “Peregrinación de los trabajadores al Santuario de La Loma” que se lleva a cabo el último domingo de mayo de cada año, con la participación de entre 20.000 a 25.000 peregrinos que recorren 4 kilómetros, en medio de cantos y oraciones.

- La Pastoral de Santuarios: nuestra Familia argentina comenzó a dedicarle un espacio más importante a esta corriente, realizando Jornadas anuales para perfilar mejor las líneas estratégicas de esta pastoral.

- Los nuevos Santuarios filiales y ermitas: un signo de la fecundidad de la Familia de Schoenstatt en este período es la edificación de siete Santuarios filiales y más de 500 ermitas.

- El despertar de la conciencia social: ha sido una preocupación del Movimiento de Schoenstatt –no sólo en nuestra patria sino en el mundo entero- solucionar creadoramente la tensión que se genera entre el crecimiento espiritual-pedagógico y el compromiso concreto en lo social. Sabemos que aquí se juega un aspecto importante para la credibilidad de nuestro carisma. Un abanico de posibilidades se fue abriendo lentamente, entre otras tan sólo algunas de las múltiples manifestaciones: las Casas del Niño, el Hogar Madre tres veces Admirable, el Taller San José, las Voluntarias de María, las Casas de la Solidaridad, comedores para niños en barrios marginales.

- Caminar con la Iglesia: a través de los lemas de año, quizás como pocas veces en la historia de nuestra Familia sentimos que los proyectos espirituales de la Iglesia eran asumidos directa y plenamente en nuestras filas. Fruto de esto vino una saludable experiencia de comunión entre Schoenstatt y la Iglesia, que aún perdura.

- Con María celebremos al Padre: en el año 1999 se cumplían 50 años de la proclama de la misión del 31 de mayo. Es así que el 18 de septiembre unos 6.000 schoenstattianos venidos de todo el país peregrinaron a la Basílica de Luján con una intención especial: poner a los pies de la Virgen, patrona de Argentina, la tarea que habían asumido como Movimiento, bajo un lema que expresaba lo central de nuestros anhelos: Con María celebremos al Padre.