Oraciones

Consagración

¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco todo a ti y, en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh, Madre de bondad, guárdame, defiéndeme y utilízame como instrumento y posesión tuya. Amén.

 

ALGUNAS ORACIONES DEL PADRE JOSÉ KENTENICH

Oración al Espíritu Santo

Espíritu Santo,
eres el alma de mi alma.
Te adoro humildemente.
Ilumíname, fortifícame,
guíame, consuélame.
Y en cuanto corresponde al plan
del eterno Padre Dios
revélame tus deseos.
Dame a conocer
lo que el Amor eterno desea de mí.
Dame a conocer lo que debo realizar.
Dame a conocer lo que debo sufrir.
Dame a conocer lo que, silencioso,
con modestia y en oración
debo aceptar, cargar y soportar.
Sí, Espíritu Santo,
dame a conocer tu voluntad
y la voluntad del Padre.
Pues toda mi vida
no quiere ser otra cosa,
que un continuado y perpetuo Sí
a los deseos y al querer
del eterno Padre Dios. Amén.

 

Exorcismo

Surja Dios,
Padre, Hijo y Espíritu santo,
surja la Bienaventurada Virgen María
y todos los ángeles y santos,
se dispersen sus enemigos
y huyan de su presencia
los que los odian. Amén.

 

Oraciones dirigidas a la Santísima Virgen

Confianza

En tu poder y en tu bondad fundo mi vida;
en ellos espero confiando como niño.
Madre Admirable, en ti y en tu Hijo,
en toda circunstancia, creo y confío ciegamente.
Amén.

 

Ofrecimiento

Cuanto llevo conmigo,
lo que soporto,
lo que hablo y lo que arriesgo,
lo que pienso y lo que amo,
los méritos que obtengo,
lo que voy guiando y conquistando,
lo que me hace sufrir,
lo que me alegra;
cuanto soy y cuanto tengo,
te lo entrego como regalo de amor
a la fuente santa de gracias,
que desde el Santuario brota cristalina
para penetrar el alma
de quienes a Schoenstatt han dado su corazón,
y encaminar bondadosamente hasta allí,
a los que, por misericordia, tú quieras escoger;
y para que fructifiquen las obras
que consagramos a la Santísima Trinidad.

 

Por tu pureza

Dios te salve, María;
por tu pureza
conserva puros mi cuerpo y mi alma;
ábreme ampliamente tu corazón
y el corazón de tu Hijo;
dame almas,
confíame a las personas
y todo lo demás tómalo para ti. Amén.

 

Aseméjanos a ti

Aseméjanos a ti y enséñanos
a caminar por la vida tal como Tú lo hiciste:
fuerte y digna, sencilla y bondadosa,
repartiendo amor, paz y alegría.
En nosotros recorre nuestro tiempo
preparándolo para Cristo Jesús.

 

Gracias por todo

Gracias por todo, Madre,
todo te lo agradezco de corazón,
y quiero atarme a ti
con un amor entrañable.
¡Qué hubiese sido de nosotros sin ti,
sin tu cuidado maternal!

 

Gracias porque nos salvaste
en grandes necesidades;
gracias porque con amor fiel
nos encadenaste a ti.
Quiero ofrecerte eterna gratitud
y consagrarme a ti con indiviso amor.
Amén.

 

Oración por la Patria

Madre, con tu Hijo Divino
desciende a los caminos de nuestra patria
para que, siguiendo vuestras huellas,
encuentre la paz verdadera y estable.
Patria, solo tendrás salvación
si, en amor, te unes a María y a su Hijo.
Amén.

 

Mi habitación es tu Santuario

Mi habitación es tu Santuario,
donde actúas para gloria del Padre.
Allí Él transforma todo mi ser
en tabernáculo predilecto de la Trinidad,
donde siempre arde una lámpara perpetua
y nunca se apaga el fuego del amor;
donde, por sacrificio tras sacrificio,
se expulsa del corazón el egoísmo;
donde rosas adornan el altar
y azucenas florecen siempre de nuevo;
donde se siente una atmósfera de paraíso,
que eleva el corazón y el pensamiento;
donde, al igual que en la eterna Ciudad de Sión,
el espíritu del mundo no tiene cabida;
donde reina la paz y sonríe la alegría,
pues el ángel de Dios custodia vigilante;
donde Cristo domina y triunfa
y conduce todo el mundo hacia el Padre. Amén.

 

Oración por la Iglesia

Ayúdala a extenderse por todo el mundo
y a caminar  victoriosa a través de las naciones
para que pronto haya un solo rebaño y un solo pastor,
que conduzca a los pueblos hacia la Santísima Trinidad.
Amén.

 

En grandes dificultades

En grandes pesares
y amargos dolores,
no obstante mis faltas y culpas,
benigna escuchaste
mi oración,
mi suplica filial.
En dolor y congoja,
cuando arreciaba la guerra
y el fuego emergía,
con tu poder bondadoso
que mantiene vigilancia,
Madre, me cobijaste.
En años de tormenta
cuajados de peligros,
a todos los míos,
que a Ti se estrechan,
los cuidaste solícita,
inconmovible y fiel.
Gracias, Madre;
en cada instante,
ante todos los pueblos,
por mi servicio
y simplemente
alabare tu nombre.
Aunque se desplome el mundo,
lleno de confianza,
mi único norte
será cumplir
con fidelidad
el querer del Padre.
A través de tinieblas
y tiempos de caos,
de tu mano, Madre,
Él me guiará
hacia el hogar,
la patria del cielo.
Tras todo llanto
me reunirá
con los que amo
y fueron fieles:
juntos contemplaremos al Cordero
en la presencia de Dios. Amén.