1ª Alianza de Amor de la Rama de Hombres, diócesis San Juan

| viernes, octubre 27th, 2017 | No Comments »

TESTIMONIO:  Sergio Salas.

Hola Hermanos, soy Sergio Salas, un nuevo aliado de la MATER.

El miércoles 18 de Octubre, junto con otros seis hermanos: Mario Rosales, Pablo Flores, Luis Sala, Javier Correa, Raúl Klenzi e Ignacio Sevilla pasamos a formar parte de esta gran Familia que es Schoenstatt, y no podríamos haberlo realizado sin el llamado de nuestra SEÑORA, y de dos instrumentos suyos jóvenes en edad, pero de gran experiencia en la Juventud Masculina, Marcelo López y Eduardo Grossi.

Les cuento que unos meses atrás mi vida estaba en una oscuridad espiritual: había entrado en depresión, todo me caía mal, ya no quería trabajar en mi profesión, me abrumaba la enfermedad de mi hija (diabetes), tenía mala relación con mi esposa, etc. Estaba lejos de Dios, pocas veces iba a misa, ni hablar sobre confesarme y comulgar…

Un día le conté a mi esposa (quien pertenece a la Rama de Madres del Movimiento) todo lo que me estaba sucediendo, a lo que ella me contestó: “¿Sabes lo que te hace falta? REZAR!” Así fue que me recomendó unirme a un grupo de varones que se juntaban todos los sábados a las siete de la mañana a rezar el Rosario, llamado “Madrugadores”. A partir de ahí, surgió algo en mi interior que no podía explicar: luchas internas, ganas de rezar, de no rezar; varios hermanos madrugadores me apoyaban y daban sus consejos.

No habiendo pasado más de un mes de este comienzo, me invitaron a hacer alianza con MARÍA, llamado al respondí con poco convencimiento. Recuerdo que en el primer encuentro, se me preguntó por qué venia y qué sentía cuando estaba frente a la “Mater”, mi respuesta fue que por mi ahogo espiritual y, que además Ella me atraía de manera especial, a diferencia de otras imágenes.

Pasaron los días, no falte a ninguna madrugada ni tampoco a las reuniones de rueda, y mi cambio poco a poco se fue profundizando, comencé a leer y meditar no sólo el material que nos entregaban, sino que además me apropié de los libros que mi esposa tenía sobre Schoenstatt y la Virgen. En mis rezos continuamente le pedía a Nuestra Madre qué quería de mí… Así empecé a darme cuenta que la Reina Victoriosa estaba obrando en mí, que quería que la conociera con el corazón, que de su mano me estaba guiando al camino cuya huella hacía tiempo había perdido. Si bien no iba a ser fácil dejar mi pasado atrás, Ella estaba utilizando como instrumento a muchas personas de mi entorno que salían a mi encuentro.

Casi al final de la preparación, viajamos hacia el santuario de Mendoza. Cuando llegamos a su interior, al arrodillarme, sólo recuerdo que comencé a llorar y llorar. Pensar que antes había acompañado a mi mujer a visitar otros Santuarios de Schoenstatt, pero en ese entonces me había comportado como turista cualquiera, sin embargo ahora me sentía tan íntimamente cobijado en el regazo de la Mater.

Hoy, a dos días de haber sellado mi alianza de amor con María, puedo experimentar en mi alma gratitud, amor fiel, protección y esperanza. Sé que el camino de la vida que nos espera no va a ser fácil, pero lo haré confiado, de la mano de María y junto a mis hermanos aliados. Ella nos llamó para que seamos sus instrumentos, con una misión muy especial por ser fundadores de la Rama de Hombres en San Juan, para trabajar por su Santuario, por nuestros hermanos y familias que nos necesitan, por la gran familia de Schoenstatt, y así volver a ser como niños, sencillos y humildes, preparando el camino a nuestro señor Jesús.

Termino con dos frases con un alto valor y contenido espiritual que no me canso de meditar: “Un siervo de María jamás perecerá” y “Nada sin ti, nada sin Nosotros”.