Misiones Familiares en Mendoza (Enero 2017)

| Martes, marzo 21st, 2017 | No Comments »

Una mirada original sobre “la locura” de los misioneros

La misión se realizó en el departamento de San Marín, en la localidad de Alto Verde, entre el 16 y el 22 de enero. Participaron 120 personas, principalmente jóvenes. Acompañó el Padre Leonardo Di Carlo y en esta oportunidad se colocó la piedra fundacional para levantar una nueva ermita de la Mater.

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TESTIMONIO: Omar y Noemí Coria

Un día se bajaron de distintos vehículos, desaparecieron dentro de la escuela del pueblo, allí se instalaron y sin que nos diéramos cuenta. Esos “locos” comenzaron a caminar por las calles en enero. Yo los he visto, pero no los conozco. Los he visto muchas veces. Ya varios días. Son raros.

Casi todos salen temprano a la mañana y andan por la zona golpeando puertas, en grupos de tres o cuatro y mostrando, como muy orgullosos, la imagen de una Señora. Unos pocos se quedan en el colegio donde han armado como un campamento, allí esperan al resto, para los que elaboran una comida, que a su hora comparten fraternalmente entre todos.

Muchos recorren muchos kilómetros en un día, otros no tanto; unos van con una botella de agua, otros tocando una guitarra, algunos llevan niños a cococho, en cochecitos o de la mano. Otros parecen ir meditando u orando. Algunos grupos se ven muy alegres y contentos. Eso, vayan como vayan, todos van contentos, con una alegría que no deja ver cansancio, ni calor, ni mal humor.

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¡Están locos! En verano, pleno enero, cuando todos están de vacaciones, disfrutando una pileta, éstos caminan bajo un sol penetrante, con remeras todas iguales, uniformados, y parecen lucirlas con mucho orgullo. En Mendoza, para quien no conoce, el verano es intenso. Sin embargo, esto no parece amedrentar su alegría ni sus impulsos errantes.

Aunque, si uno se fija bien, no andan errantes. Tienen claros destinos en el día y organizadas actividades dentro del campamento, donde se oyen canciones, oraciones, mucho murmullo de a ratos, absoluto silencio a veces y casi siempre risas, muchas risas.

Yo los he visto de cerca. Estoy seguro que a algunos les duelen los pies, o la espalda, o la cabeza, pero siguen caminando, hablando con la gente del pueblo. Entran a sus casas, salen al rato y se despiden como si fueran amigos entrañables. Y al día siguiente, lo mismo…

Yo los he visto, no están bien de la cabeza…

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He escuchado entre la gente del pueblo que antes de llegar hicieron varias gestiones para poder instalarse acá en nuestra escuela. O sea que trabajaron para esto desde hace varios meses. Insisto: son “raros”. Son mujeres, hombres, grandes, jóvenes, adolescentes, de diferentes edades. ¡Muchos son niños pequeños! A todos parece que les apasiona lo que hacen.

Los he visto muchas veces. Están mal de la cabeza. Algunos dicen que lo pasan muy bien, pero no creo que sea así porque duermen en el suelo, duermen pocas horas, hacen su “trabajo” sudando esa remera verde, no tienen dónde darse una ducha, refrescar el cansancio, descansar el sudor. O tal vez lo tengan? Tal vez haya “algo” que los moviliza… Debe haber algo, algo que justifique esta gran locura.

He pensado que tal vez ganan un muy buen sueldo por lo que hacen. Ésa sería una buena razón para tolerarlo todo.

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Pero ¿cómo explicar que además disfrutan? Aunque haya gente que les cierra la puerta, aunque sus pequeños estén llorosos de a ratos, aunque el suelo sea duro para el descanso, las distancias largas para ir a pie, el sol abrazante. ¿Cómo pueden disfrutar por más alto que sea el sueldo que reciben? Me parece que es un trabajo muy duro… Por eso ¡Están mal!

Por las tardes se reúnen y hacen unas celebraciones que parecen llenarlos de vida, hablan, le contestan a alguien que no viste como ellos y parece tener una gran autoridad. Cantan y como que recargan energías para un día más. Están enfermos de la cabeza, yo los he visto.

Dicen, en sus comentarios, la gente de mi pueblo, que siempre tienen palabras de aliento para el triste. A ellos los he escuchado decir que son las manos, los pies y la lengua de alguien que ya no puede hablar y al que le rinden culto; dicen ser “MISIONEROS” y sentirse “MUY ORGULLOSOS DE SERLO”.

Yo no sé de qué padecen. No entiendo sus rarezas. Sólo sé que, a veces los miro, los observo mucho, los escucho y siento… ¡qué bueno sería estar tan enfermo como ellos!

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GRACIAS A TODOS LOS LOQUITOS DE FE QUE DIERON TODO POR ESTA MISIÓN TAN ESPECIAL. NOSOTROS SABEMOS DE QUÉ “PADECEMOS”. ESTAMOS LOCOS DE AMOR. POR ESE PADRE QUE NOS AMA COMO NADIE… POR EL QUE DIO SU VIDA POR LA HUMANIDAD… Y POR ESA MADRE TIERNA QUE NOS COBIJA, NOS ABRAZA, NOS CONSUELA Y NOS LLEVA DE LA MANO DONDE QUIERA QUE VAYAMOS.
GRACIAS, ALTO SALVADOR, SU GENTE, SU CALOR, SUS MILAGROS COTIDIANOS QUE ALIMENTAN NUESTRA FE. ESPÉRANOS. VOLVEREMOS A POBLAR DE REMERAS VERDES TUS CALLES…”

Matrimonio Coria.